El alquimista alza la mano y palmea el aire en un intento infantil de refrenar el tiempo. Sus ojos vagan por la bóveda del laboratorio. Entre la barba y el espeso bigote, sus labios dibujan una mueca de asombro. “Eureka”, parecen murmurar. Tiene una rodilla clavada en el suelo y adopta la postura clásica de …


